Del guion gráfico al animático: la película antes de la película
El guion gráfico es el primer lugar donde la historia deja de ser texto. Se dibuja plano a plano, con viñetas que indican el encuadre, la posición de los personajes, la dirección de la mirada y las flechas del movimiento que se espera. No hace falta que los dibujos sean bonitos: tienen que ser legibles y comparables entre sí, porque su función es permitir que varias personas discutan la misma imagen sin malentendidos.
Cuando las viñetas están aprobadas se montan en orden y se les asigna una duración. Eso es el animático: una versión de la película hecha con dibujos fijos, cortes reales y, si ya existe, el diálogo grabado. Suena rudimentario, pero es la primera vez que el proyecto tiene ritmo. Un plano que parecía necesario en papel se revela redundante en cuanto ocupa cuatro segundos seguidos; una pausa que nadie había previsto se vuelve imprescindible.
Corregir aquí cuesta horas. Corregir después de haber construido el decorado y rodado el plano cuesta semanas. Por eso el animático se revisa varias veces y se sigue actualizando durante la producción: cada plano terminado sustituye a su viñeta, y la película se va volviendo real por sustitución.
Qué conviene revisar en un animático
- Que cada corte se entienda sin explicación verbal.
- Que la duración de los planos deje leer la acción, sin sobrar tiempo muerto.
- Que la dirección de las miradas y los desplazamientos se mantenga coherente entre planos contiguos.
- Que las acciones complicadas tengan un plano de apoyo si el principal no basta.
- Que el sonido o el diálogo encajen con la duración prevista, y no al revés.